Documental: Rap, el pulso de la calle.

Unas imágenes de 1963 del funeral del reivindicado activista negro Malcolm X son la llave simbólica del documental “Rap, el pulso de la calle“, una producción del South Bank Show, dirigida por Susan Show y presentada por el rapero Melle Mel. La escena de la música rap y su subcultura asociada al hip hop surgió a mediados de los años setenta en las calles de los distritos neoyorquinos de Harlem y el Bronx. “El rap compensa su falta de melodía conectando con la herencia de una cultura largamente despreciada y olvidada”, se queja el narrador, para empezar. “Es poesía al ritmo de la música. No tiene límites, podemos samplear a Chaikovski, cantar fuera de tono, hablar de cordones de zapatos o sobre armas”, sostiene el pinchadiscos Grand Master Flash. Con su grupo los Furious Five, fue el primer equipo de rap que ocupó las portadas de revistas de gran tirada como Life y Time.

“Cuando Moisés habló con Dios, éste le respondió en rap y le dijo lo que había que hacer”, asegura Afrika Bambaataa, otro ilustre pionero del género.

La rebelión de los B-Boys, los jóvenes negros urbanos, autodenominados así por los adjetivos black beautiful y bad (negro, bello y malo), ha conseguido imitadores en los barrios más conflictivos de todo el planeta. Sus técnicas de baile (breakdance) y sus innovaciones musicales, como el scratch (hacer que los discos giren al- revés en las estrofas culminantes), breakbeats (mezclas rápidas o extractos) o el sampling (copiar y utilizar los hallazgos musicales de otros), han, sido desarrolladas por los pinchadiscos e ingenieros de sonido durante las últimas décadas. Hoy, su estética, forma de vestir, o su argot son una subcultura juvenil de masas, y su arte de pintadas callejeras (subway art o spray art) ocupa un lugar en los museos.

El destacado escritor, afroamericano Nelson George señala que “un, buen disco de rap es como un comic impactante, pero la mayoría de los discos cuentan machaconamente historias sangrientas y no se justifican artísticamente.. Reflejan la caída en desgracia del sistema de integración. El auge de las drogas y las armas son una forma de reivindicar una presencia social”.

Un pastor de la Iglesia baptista de Abisinia de Harlem afirma que los discursos del político negro Jesse Jackson son rap, y que los sacerdotes desde sus púlpitos hacen lo propio, pero se muestra contrario al carácter machista, y discriminatorio de algunas letras.

El rap en los noventa, aseguran los autores del documental, ha encontrado una nueva fuerza en el grupo de Atlanta Arrested Development. Se trata de una vuelta de tuerca soleada, neohippie y pacifista que reivindica las raíces y los sentimientos de la cultura afroamericana.

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