Reportaje: Amarás al líder sobre todas las cosas.

Nuestros líderes nunca se equivocan!, asegura un alto funcionario del Gobierno de Corea del Norte. Cuando el periodista le pregunta qué pasará el día que se equivoquen, si podrán ser sustituidos, el mismo funcionario se lo piensa y responde: No sé, eso nunca ha pasado”… Así comienza el reportaje de Jon Sistiaga, “Amarás al líder sobre todas las cosas”, un viaje por el último bastión comunista del planeta donde todavía se vive con los esquemas de la Guerra Fría. Un inmenso GULAG de inspiración estalinista donde el culto al líder Kim Jong II es obligatorio, si no se quiere acabar en un campo de reeducación. La novena potencia nuclear que alardea de su fuerza bélica, mientras la mitad de la población vive en los límites de la malnutrición. Donde las masas son movilizadas a diario para mantenerlas alerta ante enemigos imaginarios y se bloquean las emisoras extranjeras para que no se filtre ninguna información del exterior. Una enorme cárcel de las ideas donde todo el mundo es supuestamente igual, aunque las elites del partido se muevan en Mercedes y el resto del pueblo lo haga en bicicleta. Un supuesto paraíso social que confina a sus deficientes psíquicos en cooperativas agrícolas como mano de obra defectuosa. Un lugar donde todavía hay campos de concentración para disidentes políticos y los periodistas se tienen que camuflar de turistas para poder entrar.

Tres agentes de la seguridad del Estado velaron constantemente para que sólo se grabara lo que ellos querían enseñar. Salir solo del hotel estaba terminantemente prohibido bajo amenaza de expulsión del país. Aun así, el reportaje logra ofrecer un retrato aproximado de la verdadera realidad de un país que se despierta por las mañanas con las músicas patrióticas que suenan en cada fábrica o escuela, y que se acuesta cuando en la alienante televisión estatal retumban los acordes del himno nacional. En Corea hay inmensas autopistas de cinco carriles por las que apenas circulan vehículos, pero en las que se pueden observar numerosas cuadrillas de obreros barriendo el asfalto.

Un país que se dice orgulloso de haber alcanzado el estatus de potencia nuclear. Que tiene más de un millón de soldados en estado de alerta, y otros tres millones de reservistas de la Guardia Campesina. Un Estado incluido por George Bush en el nefasto eje del mal junto a Siria e Irán. El reportaje muestra un inquietante desfile de miles de soldados y miembros del Partido único avanzando al “paso de la oca” en una movilización de masas que recuerda cierta iconografía nazi. El periodista cuenta como pasan los misiles nucleares a su lado, como la gente se acerca a tocarlos y bromear haciendo como que aprietan el botón de la lanzadera.

Corea del Norte es un enorme juguete de 22 millones de personas para un líder que se cree un Dios. Un hombre que se hace llamar el sol del siglo XXI y al que le encanta levantar estatuas y retratos suyos por todo el país. Un estadista que asegura que ha escrito de su puño y letra más de 18.000 libros. ¡18.000! Un libro por día durante 49 años. Y todavía, cuando se pregunta a los miembros del régimen que eso es imposible, olvidándose del sentido común, son capaces de responder: “Es que es nuestro lider es muy listo…”.

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